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martes, 21 de octubre de 2008

Festival de los Muertos

Incluso en su forma secular y comercial, Halloween ritualiza nuestro destino inevitable


Por Patricia Montley
Publicado el 31 de octubre de 2005 en UUWorld





Pese a que en la mente de la mayoría de la gente que lo celebra, Halloween es ahora una fiesta secular que ha perdido su connotación religiosa con los santos y las almas de los bienamados muertos, todavía hay mucha gente alrededor del mundo que celebra festivales de los muertos, muchos de ellos en esta época del año.

Los adeptos wiccanos celebran este Festival de Samhain —'sowin'— (del 31 de octubre al 1 de noviembre) como la más importante de sus celebraciones estacionales. Un ritual común es la Cena Muda, que Anne Lafferty describe en "A Seeker’s Guide to Modern Witchcraft and Paganism":

En la mesa se utilizan platos, ollas y cubiertos negros. Se pone un lugar para cada persona presente, así como uno vacío al frente. Este lugar es para los Muertos Bienamados, quienes serán honrados en esta cena. El primer plato que se sirve es para ellos. Los vivos comen en silencio, piensan en sus ancestros y en otros y en otros seres queridos fallecidos. Cuando termina la cena, la comida sobrante, incluso la que estaba en el plato para los espíritus de los muertos, se quita y se coloca en el suelo.



Los participantes pueden contar historias y compartir recuerdos sobre sus muertos bienamados o cantar una canción en su honor. A veces, los alimentos que se preparan para la cena incluyen los platillos favoritos de los fallecidos en cuyo honor se celebra.

Desde finales de la edad media, se ha recordado a los muertos en los países cristianos de Europa y otros países del mundo con servicios religiosos formales el Día de Todos los Santos. Aunque el miedo a las "almas en pena" fue oficialmente declarado superstición, las creencias y prácticas paganas persistieron. En Alemania, por ejemplo, cuando los campesinos cosechaban el heno y lo llevaban al granero, rompían la primera paja y la ofrecían como alimento para los muertos. Todavía hoy en Lituania, luego del Festival de Mikeli en el Equinoccio de Otoño, comienza un periodo de sombra silenciosa. "En este momento",de acuerdo con Mara Mellena del Latvian Institute, "se hacen presentes las sombras —los espíritus de los muertos— para contemplar la vida de los hogares" y traer bendiciones para la futura vida y el trabajo.



Uno de los festivales más elaborados de esta época del año es el Día de los Muertos, que se celebra los días 1 y 2 de noviembre en México y otros países latinoamericanos. El primer día se dedica a honrar a los bebés y niños fallecidos, mientras que el segundo se honra a los muertos adultos. Aquí los muertos no son temidos, sino bienvenidos. Se combinan rituales católicos romanos de Todos los Santos y Fieles Difuntos con tradiciones indígenas mesoamericanas milenarias, el festival incluye ritos religiosos solemnes tales como misas y plegarias por los muertos en la iglesia [e incluso comidas y vigilias en los panteones].

También hay un festejo en la casa, que se decora con pétalos [de la flor de cempasúchil] e incienso de copal para invitar a los espíritus a entrar y tomar sus alimentos favoritos y del pan 'de muerto', que se coloca sobre mesas y altares domésticos decorados con cempasúchil amarillo y rojo [y calaveras de azúcar o chocolate con los nombres de los muertos], así como con fotos de los familiares fallecidos [también se deja un plato de comida y una veladora junto a alguna ventana para el 'ánima sola' que es el alma de los fallecidos en alguna zona remota o sin rituales funerarios apropiados]. Lo que no consumen los muertos sirve para ofrecer un festín para los vivos al día siguiente. Las sobras de esa comida pueden ser llevadas al panteón para dejarlas sobre las tumbas de los ancestros, o o distribuidas entre la comunidad. La festividad incluye procesiones solemnes, comida elaborada, decoraciones brillantes [de papel de china de colores picado] e incluso fuegos artificiales. Aunque es un tiempo de duelo por los muertos bienamados, la atmósfera prevaleciente es festiva. Los panes y dulces con forma de calaveras, esqueletos, ataúdes y lápidas 'endulzan' el concepto de la muerte, quizás recordando a quienes los comen la dulzura de la vida en el cielo así como en los recuerdos de los descendientes. Algunas familias realizan vigilias iluminadas con veladoras sobre las tumbas de sus seres queridos o participan en misas memoriales al aire libre.

Mientras que los usamericanos que suelen considerarse 'sofisticados' se sienten tentados a considerar algunas de estas prácticas como primitivas, insanas o enfermizas, en el peor de los casos, o extrañas y pintorescas en el mejor, Peter Morales llama nuestra atención respecto a "Traer a los muertos a la vida".

Si descartamos el Día de los Muertos como pura superstición, podríamos fácilmente perdernos las profundas nociones espirituales y sicológicas que hacen tan poderosa esta tradición. Un chico mexicano que pasa la noche en la tumba de su tío tiene una conexión a través del tiempo con sus ancestros de la que nuestros hijos suelen carecer. En tanto que los habitantes de la era tecnológica se vinculan a través de la WWW, los teléfonos celulares y la TV por cable o satélite, [en tanto que] tenemos máquinas contestadoras, correo de voz, localizadores y llamadas en espera, nos hemos cortado de tajo de la trama fina del tiempo. Las culturas tradicionales, con sus mediums, fantasmas y reencarnaciones, han entendido intuitivamente algo que nosotros hemos reprimido: que los muertos no mueren; sino que perviven.



Para los hindúes, los muertos perviven en la reencarnación de sus almas en otros cuerpos. Uno de los principales festivales del hinduismo —y posiblemente el único que efectivamente se celebra en toda la India— es Diwali, el Festival de las Luces (del sánscrito dipavali, o 'hilera de luces'), que se observa con servicios en el templo que incluyen el canto y recitación de los textos sagrados. Se celebra en fechas del calendario lunar que corresponden a fines de octubre o principios de noviembre en nuestro calendario gregoriano, marca el fin oficial del otoño y el inicio del invierno. En el Norte de la India, Diwali también señala el inicio del año nuevo comercial. La gente limpia sus casas, enciende lámparas de aceite y las coloca en filas a lo largo de los aleros de las casas y templos, o las hacen flotar sobre ríos. Invocan a la diosa de la fortuna y la prosperidad, Lakshmi, para bendecir sus casas y negocios al abrir nuevos libros contables. Se ponen ropas nuevas, Visitan a familiares y amigos para intercambiar regalos y encienden fuegos artificiales.

Pero en Bengala, Diwali honra a la diosa Kali, la creadora-preservadora-destructora del universo de 5 mil años, la madre primigenia de vientre dispuesto y tumba propicia que se encuentra en tantas religiones antiguas. Su aliento es el pulso del universo, pues es al mismo tiempo el mar de sangre menstrual que da a luz al mundo y la arpía emaciada y fiera cuya hambre primordial debe cebarse en animales y humanos para reponer la energía que conduce el cosmos. Así que frecuentemente se le retrata con un collar de claveras, el pelo salvajemente suelto, su lengua enrojecida de sangre, en un baile estático sobre terrenos de cremación, reuniendo a las almas para que sirvan como semilla de nueva vida. En esta modalidad destructora, Kali podría bien ser nuestra peor pesadilla —la pesadilla que hemos de enfrentar, pues al enfrentarla, afrontamos nuestro propio terror a la aniquilación.



Tal como Monica Sjöö y Barbara Mor nos lo recuerdan en The Great Cosmic Mother, los pueblos primitivos parecen entender que la vida y la muerte son lo mismo. Resulta paradójico que ellos lucharan tan denodadamente por hacerse concientes de lo mismo que nosotros procuramos escapar con todas nuestras fuerzas:

Los modernos que no matan ni siembran su propio alimento, ni entierran ellos mismos a su propios muertos parecerían haber resulto este problema evadiéndolo; pero de hecho, su resolución simplemente se ha delegado, en la actualidad, a las pesadillas, los mataderos, las salas de tortura, los escuadrones de la muerte y a las películas con crímenes reales o 'snuff',en las que los sacerdotes criminales ejecutan sacrificios obscenos a los dioses de la responsabilidad desplazada.



Para los pueblos antiguos, la paradoja resultaba algo más soportable a través de la expresión ritual de su furia, que frecuentemente tomaba la forma de sacrificios sangrientos para la deidad de la muerte. Para nosotros la paradoja sigue siendo insoportable e incluso, pese a nuestros mejores esfuerzos, inevitable. Así que procuramos trivializarla. Las brujas y fantasmas de las tarjetas y disfraces de Halloween son recordatorios domesticados de la mujer sabia wiccana que servía como partera y funeraria, que representaban lo sagrado y lo desgarrador, a la diosa del vientre dispuesto y la tumba propicia, de la vida y la muerte. Los fantasmas, duendes y lúgubres segadoras de los que la gente en los desfiles y fiestas hace parodias divertidas representan el mu grave destino del que en lo profundo sabemos que no podemos evadirnos.

Tal trivialización puede poner la paradoja a la distancia de un brazo, pero no puede resolverla. Aunque tal vez no sea demasiado tarde para que regresemos al ritual en pos de su resolución. No podemos, con toda seguridad, regresar a los sacrificios sangrientos practicados por nuestros antiguos antepasados, pero tal vez podemos abrazar otras clases de rituales que a la postre, sea que creamos en una vida después de la vida, o no, nos permitan encontrar consuelo en el entendimiento de que la vida y la muerte son una.


Extraido con permiso de "Samhain, Todos los Santos y Día de los Muertos" ("Samhein, All Souls an Day Day"), En honor de la naturaleza: Mitos y rituales para celebrar la tierra (In Nature’s Honor: Myths and Rituals Celebrating the Earth), Editorial Skinner House, derechos reservados 2005 por Patricia Montley. El capítulo incluye una variedad de rituales propios de la estación para su uso personal, familiar y congregacional.

Acerca de la a autora: Patricia Montley, es dramaturga y una directora teatral premiada, enseña en el Odyssey Program y en la Universidad Johns Hopkins. Es integrante de la Primera Iglesia Unitaria de Baltimore.



miércoles, 27 de agosto de 2008

El amor no puede arreglarlo todo




Yo conocía al tirador que asesinó a dos en la Iglesia Unitaria Universalista del Vallé de Tenesí (TVUUC), en Knoxville, pero no necesito una explicación para sus acciones. Necesito historias de héroes, de bondad y compasión.

Por Meg Barnhouse para UUWorld, 25 de agosto de 2008 (Trad. Francisco Javier Lagunes Gaitán)

[Asesino.jpg]

Estaba sentada con un grupo de unitarios universalistas platicando sobre los asesinatos en la TVUUC, en Knoxville, cuando una persona dijo sobre el tirador: "Seguramente nunca tuvo amor". Yo, que no me caracterizo por ser silenciosa, dije bruscamente, "¡Pero claro que tuvo amor!. Conozco una mujer que lo amó y fieramente que lo amó".

Estuve con Jim David Adkisson varias veces, una de ellas fue durante una boda en el patio trasero de su casa y también en el Curso de Verano de los Unitarios Universalistas del Sureste (SUUSI),en Virginia, en 1996. Su entonces esposa, Liza, solía asistir a la TVUUC. Soy una liberal de llevar credencial y pienso que lo que David (lo llamábamos 'Jabbo') hizo estuvo mal. No creo que él sea malo, pero el acto terrorífico que perpetró contra las congregaciones de la TVUUC y la Iglesia Unitaria Universalista del Lado Oeste (WUUC) sí que lo fue.

No puedo explicar que haya abierto fuego en un servicio de adoración afirmando que no habría sido amado. Cinco mujeres lo amaron tanto como para casarse con él. Deseaba con impaciencia que llegara el verano para poder cantar con Liza en SUUSI. Ella lo amó con fiereza, como dije. Solían hablar sobre cuán gemelas era sus almas. Él también tenía una familia que lo amaba y a la que él amaba. Su mamá, su papá y su hermana enfermera: lo amaban. Tenía también buenos y leales amigos. Desdichadamente, algunos de éstos gustaban de beber en exceso y de consumir cocaína regularmente con él.

El día en que asistí a la boda de mi amiga Catharine en el patio trasero de Jabbo y Liza fue un día encantador. La boda fue divertida, con mucha música y risas, grandiosos tatuajes en la mayoría de los asistentes y mucha bebida. Encendí los fuegos artificiales en la boda, totalmente sobria, desde luego.

Luego de diez años de bebida fuerte y uso regular de droga, en los que perdió a Liza debido a las amenazas que hacía de acabar con las vidas de ambos, con la paranoia que es el sello distintivo del abuso de la cocaína, luego de perder un trabajo tras otro, de incurrir en la santurrona autoproclamación gratuita de virtud al usar como chivos emisarios de todos sus problemas a los "liberales y gueis" —actitud favorecida por las habladurías de los fanfarrones derechistas mediáticos—, de sentir un tirón en su corazón cada que pasaba por la que fue la iglesia de Liza, pienso que fue todo eso lo que marcó el ataque que golpeó a los unitarios universalistas el 27 de julio.


Quisiera tener la solución para los males de la sociedad. Con todo lo que cuento en este momento es con una pequeña contribución a la conversación entre los liberales sobre la gente que hace cosas malas. Jabbo tuvo montones y montones de oportunidades. Quizás tenía alguna clase de deterioro cerebral debido al abuso de las drogas, quizás fue por los predicadores del odio de la derecha mediática, quizás fuera un deficiente control de impulsos debido a un desequilibrio químico congénito. Cualesquiera que sean las ventajas y desventajas con las que partió, participó con su voluntad libre y soberana hacer de él de lo que hoy es. Pienso que esto es más respetuoso de su valía inherente de lo que se implicaría en la idea de que no habría podido evitar hacer lo que hizo, como si hubiera estado predestinado a seguir un camino fatal hacia el desastre.

A veces hay quebrantos que no pueden repararse. Siento decirlo, pero como ministra que ha trabajado en el campo de la salud mental por veinte años antes de dedicarme de tiempo completo a la iglesia, sé que el amor no puede arreglarlo todo. Cualquiera que haya sido muy cercano a alguien que se aísla progresivamente en su propia realidad, que esté enfermo y se rehúse a seguir su tratamiento, o que esté atrapado por la adicción —cualquiera que haya tratado de amar a alguien lo suficiente para hacer que se mejore—, sabe esto.

El amor no siempre puede ser dulce y generoso. A veces el amor debe ser desafiante. A veces es más amoroso dejar a alguien que permanecer a su lado. Les envía una fuerte señal de que lo que hacen no está bien.

Nuestras iglesias, de la misma manera, no pueden arreglar a todos. Vivir en una comunidad basada en un pacto es una labor dura y requiere de nosotros que tomarnos nuestras medicinas, que nos permiten estar en la mejor condición mental posible para nosotros. A veces una persona no está el mejor lugar y momento de su vida en cuanto a contar con los recursos espirituales, mentales y emocionales para ser parte de una comunidad basada en un pacto. La comunidades de pacto —o alianza— pueden ser duras también para sus integrantes, puesto que no siempre funcionan de la manera en que dicen que querrían funcionar. Has de tener cierta robustez y firmeza para bregar con esto.

Escucho a gente decir que si Jabbo hubiese concurrido a una igelsia UU, habría recibido ayuda. Amigos míos, él vino al campamento del curso de verano y nos mostró un claro perfil de discutidor, amante de las armas, derechista, dedicado a echar la culpa de todo a los liberales y vaya que hubo quien discutió con él, desde luego. Recibió burlas por ser parte de los Boy Scouts of America [la Asociación Unitaria Universalista de Congregaciones (UUA) tiene un largo contencioso con los Boy Scout of America, debido a las políticas discriminatorias de esta organización que excluya a los ateos y homosexuales] y por sus opiniones derechistas. Se sintió evitado y no respetado.

Nos encanta pensar en nosotros mismos como de mente abierta, pero nos es difícil mantener esa apertura mental hacia ciertas personas y sus opiniones. Quizá sea yo a la que le cuesta trabajo, pero creo que no estoy sola en esto. También discutí con él. Afirmo la valía y la dignidad de cada persona, pero nunca prometí afirmar la valía y la dignidad de cada idea. Algunas ideas son opresivas y no muy juiciosas. Conducen hacia la violencia, la injusticia y a un comportamiento realmente malvado. Procuro discutir con respeto y amabilidad, pero es difícil cuando la persona con la que hablas actúa como un idiota irritante. Si fuera yo el Dalai Lama o una santa UU, sería capaz de lograrlo —y tengo la esperanza de que eso llegue en el futuro—, pero estoy segura de que no estoy ahí todavía.



Entiendo la necesidad de buscar explicaciones para su decisión de tirotear liberales mientras un grupo de sus niños ejecutaba el musical "Annie Jr." Si pudiésemos explicarlo, tal vez nos sentiríamos con mayor control de la situación, con un mayor entendimiento de las formas de prevenir lo que nos sucedió. La vida es peligrosa. Es dura, dulce y aventurada, plena y misteriosa, pero mucho más allá de nuestro control. Hacemos lo que podemos.

Viví en Israel por un tiempo, donde todos están alertas ante cualquier comportamiento extraño, paquetes abandonados, dinero tirado en la acera que podría estar conectado para explotar al jalarlo, gente que suda incluso en el aire frío, quienes vistan abrigos largos en verano. Todos somos parte del mundo, incluso en nuestras iglesias y necesitamos que algunas personas que estén alertas para que el resto de nosotros pueda bajar la guardia al reunirnos.

Me gustaría entender las razones por las que una persona haría algo malo, pero esta no es una necesidad acuciante para mí. No estoy segura de que alguna vez lo entendamos. Pienso que la capacidad de destrucción está dentro de cada uno no nosotros, dadas ciertas presiones.

Lo que necesito es escuchar historias de valor y bondad. Necesito héroes, como Greg McKendry, el ujier voluntario que la gente dice que se interpuso ante Jabbo para proteger a otros y que murió como resultado, como los hombres que forcejearon con Jabbo para tirarlo al piso y mantenerlo ahí. John Bohstedt, uno de esos hombres, hacía el papel de Daddy Warbucks. Ató a Jabbo con los tirantes del disfraz de Daddy Warbucks.

Necesito escuchar sobre el Equipo del Ministerio de Respuesta al Trauma de la UUA, que ha recibido merecidos elogios que reconocen su trabajo rápido, sensible y extraordinariamente competente con las personas traumatizadas y en duelo.

Necesito escuchar sobre las iglesias de Knoxville, tanto liberales, como evangélicas conservadoras, cuyos miembros se hicieron presentes, llevaron comida y atendieron a la gente que se reunía.

Necesito escuchar la historia del encargado del hotel que dio a mi amigo Jim McKinley, ministro de la Confraternidad Unitaria Universalista de Hendersonville, Carolina del Norte, un descuento en su hotel de Knoxville cuando el encargado del estacionamiento del hotel reconoció su portalicencias promocional UU.

Necesito escuchar sobre el alcalde de Knoxville, que ordenó que los trabajadores de la ciudad se apresuraran a limpiar la escena del crimen para que la congregación pudiera rededicar el santuario.

Más que todo amo escuchar la historia de cómo el reparto de "Annie Jr.", luego de un trabajo inmediato de apoyo con el equipo de trauma, se presentó ante Chris Buice, el ministro de la TVUUC, quince minutos antes de un servicio de adoración el lunes inmediatamente posterior a la tragedia. Le pidieron cantar "Tomorrow" de nuevo. Jim McKinley y Clark Olsen, quienes estuvieron allí, describieron que los niños cantaron con lágrimas en sus mejillas, como la gente tenía velas encendidas en sus mano no podía aplaudirles al terminar, así que pusieron en alto las velas al tiempo que zapateaban y aclamaban a esos niños por esa canción, por el conocimiento de que el mañana vendrá.


lunes, 21 de julio de 2008

Perdonar nuestros secretos

La gente guarda secretos por toda clase de razones, incluso los unitarios universalistas



Por Doug Muder 21 de julio de 2008, UUWorld.org (Trad. de Fco. J. Lagunes Gaitán)



Cuando era una niñita, pensaba que el Conejito de Pascua había matado al Niño Jesús.


La gente guarda secretos por toda clase de razones, a veces sólo para evitar la incomodidad. Pero otros pensamientos permanecen ocultos porque son demasiado toscos y dolorosos como para una conversación educada. La mayoría de las tarjetas se ilustran con dibujos, fotos o collages. Esta muestra un campo de cruces de un genocidio en Rwanda:


De noche le grito a Dios por permitir que suceda esto.


La escalera está en el Museo Americano de Arte Visionario en Baltimore. Las tarjetas provienen del PostSecret Project de Frank Warren. En 2004, Warren empezó a animar a la gente a enviarle sus secretos anónimamente en postales. Desde entonces, la arrolladora respuesta que recibió ha producido varios libros y una de las bitácoras más populares de la Internet. Esta exposición, Revelaciones de Fe, reúne secretos sobre religión.




Nadie ha dicho nada que me haga sentir mejor sobre el hecho de que todos moriremos algún día.


Escalón. Lectura. Meditación. Escalón.


En la primera docena de cartas, o tal vez un par de docenas, reacciono ante el carácter único de cada una. ¿Quién es esta persona? ¿Qué circunstancia singular lo/la llevó a mantener oculto este pensamiento particular, para sólo revelarlo de manera anónima?


Sentía tanta soledad que le pedí, tanto a DIOS, como a SATÁN que me trajeran a alguien. Ahora que estás aquí, no sé a cuál agradecer

En determinado momento también comencé a sentir una respuesta colectiva. Empecé a buscar temas y aspectos en común. Mientras unas pocas tarjetas mencionan al budismo o al judaísmo, la mayoría reflejan la cosmología Dios/Satán/Cielo/Infierno del cristianismo tradicional.


A veces temo que haya sido Dios quien me "castigó" con la depresión que comencé a desarrollar porque no creía en él.


Incluso la mayoría de los no creyentes parecen provenir de un marco judeocristiano.


He sido ateo por años pero a veces extraño la iglesia. Dile a tu Dios "Hola" de mi parte.

Muchos de los secretos se refieren a ti o a ellos. Supongo que un secreto es como el tango. Se requieren dos para bailarlo —uno que lo sepa y alguien más a quien no se le permita saberlo. En cada secreto hay una pregunta implícita: ¿Qué pensarían, o harían, esos otros si se enteraran?


Traté durante tanto tiempo de creer en su Dios.


Como unitario universalista, tengo problemas para identificarme con algunas de las tarjetas. Mi comunidad religiosa acoge a gente con dudas y también a quienes descrean, así que pensamientos como éste no tendrían que ser secretos entre nosotros:


Toco el piano en la iglesia, pero no creo en Dios.


Otras tarjetas confiesan pensamientos sexuales en la iglesia o sobre miembros de la iglesia —como si nadie más tuviera pensamientos semejantes o no los entendiese, o como si Dios se sorprendiese especialmente al encontrar tales pensamientos en Su casa. Al pertenecer a una fe que contempla positivamente al cuerpo y sus necesidades, puedo imaginar fácilmente tener ese pensamiento, pero no la culpa que lo convirtiese en un obscuro y poderoso secreto.


Al estar en medio de tan presuntuosas reflexiones sobre mi religión y su apertura un secreto llamó poderosamente mi atención:


Quiero ser unitario universalista, pero no sé si Dios lo acepte.


Dios se lo tomó bien, según recuerdo, pero me preocupaba lo que pensarían mis padres. Cuando publiqué un artículo en una revista humanista [=secular, atea o agnóstica], no se los mostré, aunque podrían haberse sentido orgullosos.

Supongo que también tengo secretos religiosos.


Así que me retiro unos pocos pasos, y doy una segunda mirada a esas confesiones de descreencia.


Soy la esposa de un pastor bautista del sur. Nadie sabe que no creo en Dios.


Esta vez, al imaginarme a la mujer, retrato a alguien que una vez creyó en Dios, y que no perdió esa creencia en un solo instante. Cada semana recitaba un credo, y al darse cuenta de que mentía, ya llevaría haciéndolo por mucho, mucho tiempo.


¿Por qué tengo problemas para identificarme con eso? A mí también me costó trabajo confesar el cambio. No es fácil decir "Esas cosas que te dije hace 6 meses —las cosas en las que estábamos de acuerdo— todas son tonterías. Ya no creo en ellas".


¿Cuánta gente en mi iglesia, me pregunto, podría estarse guardando algo como esto:


Toda mi vida he pensado que no había Dios. Anoche me di cuenta de que mis creencias podrían estar cambiando, y no sé qué hacer con esto.


O tal vez, en una comunidad que acoge la duda, ciertamente podría ser difícil confesar:


Encontré la iluminación, pero nunca se lo diré a nadie, puesto que es tan simple que nunca me creerían.


A veces la persistencia de la fe puede ser tan desagradable y perturbadora como su pérdida. No es difícil imaginar que un unitario universalista enviase esta tarjeta:


Ya no quiero creer en Dios, pero no importa cuánto lo intente, no puedo dejar de creer.


Más humilde, decidí intentar con mayor rigor ser empático. Entonces comencé a subir de nuevo la escalera. Escalón. Lectura. Meditación. Escalón. Algunos de los secretos son tan universales que me fue fácil cumplir mi resolución.



Perdonarme a mí mismo me resulta casi imposible.


Estoy frustrado porque no puedo ver la vida con perspectiva.


Y algunos son tan humanos que es fácil abstraerse de las diferencias entre nuestras teologías.


No he creído en Dios desde que me dijiste que te divorciabas de papá.


Odio que la gente diga que la oración funciona, porque no funcionó cuando le rogaba a Dios que salvara la vida de mi bebé.


Algunos son de lo más perturbadores porque las especificidades se dejan a la imaginación.


Si hubiese un dios, lo habría impedido.


Y algunos muestran una imagen demasiado fácil.


Cada vez que mi madre llama, me pide que ore. Al mentir y decirle que SÍ, muero un poco. pero sé que si le digo la verdad será ella la que muera un poco.


En la cima de la escalera, al final de la exposición, trato de generalizar de nuevo. ¿Qué hace que estas postales, pequeños destellos de comunicaciones anónimas, sean tan poderosas?


Warren hizo un buen trabajo al hacer uso de la dósis correcta de culpa. Las confesiones en la exposición, en los libros, y en su blog no son no son los grandes y terribles secretos, que poca gente tiene. No hay asesinatos. Y la gente de iglesia que finge su fe parece genuinamente conflictuada por ello. Nada de sociópatas haciendo alarde de las estafas en las que se se habrían salido con la suya, ni regodéadose por todos los tontos que les habrían creído.


La característica más sorprendente de estos secretos es cuán perdonables son. Los escritores de las tarjetas no son villanos. Son sólo gente que se siente hipócrita al no poder abrazar roles sociales a los que tampoco puede renunciar.


Igual que todo el mundo. Al salir del museo, paso junto a un buzón hecho de envoltura plástica y cinta adhesiva, y de una mesa con postales y plumas. No tengo un secreto tras de mí, pero podría.




Es difícil imaginar una persona que no pudiera hacerlo. Debido a que los roles humanos son simples y los seres humanos son complicados. Ninguno de nosotros es siempre la persona que los otros esperan que sea. No amamos a nuestros seres queridos las 24 horas del día, 7 días a la semana. Las creencias que definen nuestras identidades: Pero no las creemos durante cada momento que pasa. Pero no queremos no ser confiables, no queremos confundir, y se siente como egoísta hacer que otros adapten sus roles sociales simples para compensar nuestra complejidad.


Así que, como la esposa del pastor que recita su credo, fingimos. Piensas algo y no lo dices, pues sabes que mañana tu pensamiento se habrá ido, pero el recuerdo de tus palabras perdurará. Tales son las pequeñas hipocresías que nos permiten vivir juntos, y no son algo de lo que haya que avergonzarse.


Pero de vez en cuando, no se van. Pasan semanas y meses, y en algún punto te das cuenta de que no estás de humor para eso, o tienes un mal día, o una fluctuación de tus neurotransmisores. Y este es El Nuevo Tú.


Y entonces tienes una opción: El Nuevo Tú permanecer en secreto, o no. Puedes seguir pensando una cosa y decir otra, o puedes decir a la gente: "Ahora soy así. Este es quien soy".


Y podría ser que lo entiendan.


Esa esperanza, pienso yo, es el mensaje último de PostSecret Project. Miras postal tras postal, secreto tras secreto, y piensas: "Podría entender eso. Podría perdonar eso". Luego empiezas a imaginar tu propio secreto colgado anónimamente allí en la pared, mientras pasan los extraños que entienden y perdonan.


Y entonces empiezas a preguntarte por La Gente Que No Se Supone Que Sepa. ¿Son acaso tan diferentes a ti, tan diferentes de los extraños que acabas de imaginar?


Quizás, comienzas a pensar, los has subestimado.





miércoles, 28 de mayo de 2008

El amor y la muerte


Afrontar el cáncer con lecciones que aprendí de mis parroquianos

Por Forrest Church (Trad. Francisco J. Lagunes G.)
UUWorld, Verano 15.05.2008

Sin título, © 2002 por Damon Brandt.

Grandioso, o no, mi sermón recurrente es rico en misterio. Una y otra vez, y vuelvo a habitar los temas del amor y la muerte.

Así lo hago ahora por razones personales. Luego de disfrutar de un año de buena salud, a finales de enero de 2008 me enteré de que mi cáncer regresó, ahora difundido por mis pulmones e hígado. No hay manera de edulcorar estas noticias. Debo afrontar la certidumbre de que mi cáncer es terminal, así como la gran probabilidad de que mi futuro se mida en meses, no en años.

Pese a que todas nuestras historias terminan a la mitad, con un gran montón de asuntos inconclusos apilados, me gustaría terminar mi historia, si pudiese, compartiendo lo que he aprendido sobre el amor y la muerte de los integrantes de la Iglesia Unitaria de Todas las Almas a lo largo de las 3 décadas pasadas en que tuve el privilegio de servir como su ministro. Una y otra vez, en los lechos de muerte de sus seres amados y reunidos en mi estudio, hemos luchado para exprimir sentido a la pérdida, hemos luchado por encontrar nuestro camino a través del Valle de las Sombras. Raramente he reconocido ante ellos (o incluso no me he dado cuenta, o no he reaccionado inmediatamente) su gran coraje y notable entendimiento cercano, que en ocasiones me ha proporcionado las mayores lecciones de vida.

Uno de los miembros de antiguo de la Iglesia Unitaria de Todas las Almas, Damon Brandt, compiló un despampanante libro de fotografías, una serie de retratos cándidos que tomó de su padre en su lecho de muerte, con enfermeras y familiares junto a su lecho o a la espera en habitaciones contiguas (véase su página 20). Se llama simplemente, Hospice [hospital dedicado a enfermos terminales], y está libre de adornos textuales, los conmovedores aunque nada sentimentales retratos de Damon tocan el corazón. ¿Por qué conmueve a quienes nunca conocieron al padre de Damon? Porque su muerte es nuestra muerte, también. Nunca estamos más cercanos que cuando consideramos con atención el gran misterio que late en el corazón de nuestro ser compartido.

Cuando en nuestros hogares mueren nuestro abuelos, padres o incluso nuestros hijos, la muerte se convierte en una presencia inevitable en nuestras vidas. Hoy, parapetados de la intimidad con la muerte tras las frías, mecánicamente invasivas y antisépticas salas de los hospitales perdemos el contacto con todo lo natural, e incluso sacramental, que la muerte puede ser. Si nos aislamos de la muerte perdemos algo precioso, un sentido de vida que conoce a la muerte, que eleva lo humano hacia lo humanista [DRAE: Doctrina o actitud vital basada en una concepción integradora de los valores humanos], que reconcilia al ser humano con la pérdida.

La palabra 'humano' tiene una etimología reveladora: humano, humanitario, humanismo, humildad [DRAE: Virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento], humus ['humus' es una palabra griega que quiere decir 'fértil', el humus es el barro fértil de la capa superficial del suelo, constituido por la descomposición de materiales animales y vegetales]. Polvo al polvo, el cemento de la mortalidad nos vincula a los unos con los otros. Todo sentido verdadero es sentido compartido.

He dicho que no me convertí en ministro hasta que no oficié mi primer funeral. Cuando la muerte llama a la puerta, como una brisa fresca, limpia nuestro ser de la pequeñez. Nos vincula con los otros. Más alertas a la fragilidad de la vida, despertamos de nuevo hacia lo precioso de ésta. Ser plenamente humanos es implicarse, y poner atención a la muerte determina la forma más elocuente de cuidado imaginable.

Cuando mueren nuestros seres amados una parte de nosotros muere con ellos. Cuando nuestros seres queridos enferman también sentimos dolor. Y todo ello es valioso y digno. Especialmente el dolor. El duelo y la muerte son sacramentos, o pueden serlo. Un sacramento [signo visible de lo sagrado] simboliza la comunión, el acto de reunirnos. Confortar a otra persona es ofrecerle nuestra fuerza. Consolar es estar con ella en su soledad. Conmiserarse es compartir su dolor.

El acto de liberar a un ser querido de toda futura obligación cuando yace en agonía —decirle que está bien, seguro, que le amamos y ahora puede irse— es el regalo más perfecto de la vida, la expresión final del amor incondicional. Dejamos ir una vida preciosa.

La adversidad no siempre suscita lo mejor en la gente. Pero la razón por la que esto sucede es porque la adversidad nos fuerza a trabajar dentro de límites trazados con demasiada estrechez. Todo lo que queda dentro de esos límites se acentúa. Recibimos como regalos cosas que tendemos a dar por hechas. Por un breve y bendito momento lo que más nos importa de verdad importa.

Y con todo, ¿cómo respondemos cuando tenemos una sentencia terminal? Con demasiada frecuencia: "¿Qué hice yo para merecer esto?"

Nada. La respuesta es, 'nada'. Contra todo presagio imaginable, se nos ha dado lo que no merecíamos en absoluto, el don de la vida, con la muerte como derecho por nacimiento.

A menos que cubramos con una armadura nuestros corazones, no podemos protegernos de las pérdida. Sólo podemos protegernos de la muerte del amor. Aunque sin amor, nada importa. Rompe tu vida en un millón de pedazos y pregúntate qué hay de verdadero valor que perdure luego de haberte ido. Cada uno de los pedazos que perduren llevará la firma del amor. Sin amor, sólo nos queda el constante dolor hueco del arrepentimiento, la vacuidad aparecerá en donde el amor debería haber estado.

Tal es la historia que se desarrolla, cuadro a cuadro, en el libro de Damon. Un hombre está muriendo. Le han sido dados unos pocos y dulces días para vivir. Su esposa e hijos le acompañan en su lecho de muerte. Recuerdan juntos cosas gratas. Se toman de las manos. Ríen. Lloran. Esperan. Sus corazones se estremecen con amor.

Frente a un diagnóstico terminal, por cierto, la única pregunta que vale la pena hacerse es "¿A dónde vamos luego?" Y parte de su respuesta debe incluir la palabra "juntos". Todos en el mundo sufren. Aunque no todos desesperan. La desesperación es una consecuencia del sufrimiento, solamente cuando la aflicción nos separa de otros. No necesita ser así. El mismo sufrimiento que lleva a una persona a perder toda noción de sentido puede fácilmente promover la empatía, la experiencia sentida del dolor del otro. La esperanza se entreteje en las líneas de vida que nos intervinculan. Como lo demuestra tan vívidamente el libro de Damon, ver nuestras propias lágrimas reflejadas en los ojos del otro es la más santa de las intimidades. Entramos en el reino sagrado del corazón, donde la cosa que no podrán quitarnos, ni siquiera con la muerte, es el amor que regalamos antes de irnos.

Las imágenes de Damon cuentan la historia más profunda de la vida. Y cada una porta el mismo sentido. La respuesta más elocuente al "no" de la muerte es el "sí" del amor.


Para que estemos aquí, en primer lugar, para que nos ganemos el privilegio de morir, más de un billón de billones de accidentes tuvieron lugar. Incluso que uno en un millón de espermatozoides se vinculara con un óvulo igualmente único no es nada si lo comparamos con todo lo demás que sucedió, desde el principio de los tiempos, hasta ahora para hacer posible que estuviéramos aquí.

Vaya lujo del que disfrutamos al interrogarnos sobre lo que sucede al morir, incluso sobre lo que sucederá luego de morir. Habiendo tomado millones de años para gestarnos, presentes en todo lo que nos precedió —admitiendo plenamente el dolor y la dificultad que implica estar realmente vivos, ser capaces de sentir y sufrir, de experimentar el duelo y morir— sólo podemos responder de una forma: con asombro reverente y gratitud.

Vemos poco del camino adelante, o del cielo arriba. Y el polvo que levantamos nubla nuestros ojos, y sólo nos deja breves interludios para contemplar las estrellas. Todo lo que podemos hacer, de vez en vez, es detenernos por un momento y mirar.

Mira. La mañana ha despuntado, y estamos aquí, ustedes y yo, respiramos el aire, admiramos el sol que se levanta al refractarse por estas magníficas ventanas translúcidas y bailar en motas de polvo sobre las bancas, llama nuestra atención, nos llama hacia el hogar.

Polvo al polvo.

Corazón al corazón.


Forrest Church

El Revdo. Dr. F. Forrester Church fue nombrado ministro de teología pública en 2007, por la Iglesia Unitaria de Todos los Santos en la Ciudad de Nueva York, en donde ha servido desde 1978. Colaborador frecuente de UU World, es autor de muchos libros, entre los que están: A Chosen Faith: An Introduction to Unitarian Universalism [hay traducción al español: La fe que hemos escogido, Skinner House] (con John Buehrens, 1993), So Help Me God: The Founding Fathers and the First Great Battle Over Church and State (2007), The Jefferson Bible (2000), The American Creed: A Spiritual and Patriotic Primer (2002), and Freedom from Fear: Finding the Courage to Love, Act, and Be (2004). Este escrito ha sido adaptado a partir de un sermón dado el 3 de febrero de 2008, en la Iglesia Unitaria de Todas as Almas en Nueva York. Su más reciente libro es: Love and Death: My Journey Through the Valley of the Shadow [El amor y la muerte: Mi jornada a través del Valle de las Sombras] (Beacon Press, 2008; $22).