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lunes, 21 de julio de 2008

Perdonar nuestros secretos

La gente guarda secretos por toda clase de razones, incluso los unitarios universalistas



Por Doug Muder 21 de julio de 2008, UUWorld.org (Trad. de Fco. J. Lagunes Gaitán)



Cuando era una niñita, pensaba que el Conejito de Pascua había matado al Niño Jesús.


La gente guarda secretos por toda clase de razones, a veces sólo para evitar la incomodidad. Pero otros pensamientos permanecen ocultos porque son demasiado toscos y dolorosos como para una conversación educada. La mayoría de las tarjetas se ilustran con dibujos, fotos o collages. Esta muestra un campo de cruces de un genocidio en Rwanda:


De noche le grito a Dios por permitir que suceda esto.


La escalera está en el Museo Americano de Arte Visionario en Baltimore. Las tarjetas provienen del PostSecret Project de Frank Warren. En 2004, Warren empezó a animar a la gente a enviarle sus secretos anónimamente en postales. Desde entonces, la arrolladora respuesta que recibió ha producido varios libros y una de las bitácoras más populares de la Internet. Esta exposición, Revelaciones de Fe, reúne secretos sobre religión.




Nadie ha dicho nada que me haga sentir mejor sobre el hecho de que todos moriremos algún día.


Escalón. Lectura. Meditación. Escalón.


En la primera docena de cartas, o tal vez un par de docenas, reacciono ante el carácter único de cada una. ¿Quién es esta persona? ¿Qué circunstancia singular lo/la llevó a mantener oculto este pensamiento particular, para sólo revelarlo de manera anónima?


Sentía tanta soledad que le pedí, tanto a DIOS, como a SATÁN que me trajeran a alguien. Ahora que estás aquí, no sé a cuál agradecer

En determinado momento también comencé a sentir una respuesta colectiva. Empecé a buscar temas y aspectos en común. Mientras unas pocas tarjetas mencionan al budismo o al judaísmo, la mayoría reflejan la cosmología Dios/Satán/Cielo/Infierno del cristianismo tradicional.


A veces temo que haya sido Dios quien me "castigó" con la depresión que comencé a desarrollar porque no creía en él.


Incluso la mayoría de los no creyentes parecen provenir de un marco judeocristiano.


He sido ateo por años pero a veces extraño la iglesia. Dile a tu Dios "Hola" de mi parte.

Muchos de los secretos se refieren a ti o a ellos. Supongo que un secreto es como el tango. Se requieren dos para bailarlo —uno que lo sepa y alguien más a quien no se le permita saberlo. En cada secreto hay una pregunta implícita: ¿Qué pensarían, o harían, esos otros si se enteraran?


Traté durante tanto tiempo de creer en su Dios.


Como unitario universalista, tengo problemas para identificarme con algunas de las tarjetas. Mi comunidad religiosa acoge a gente con dudas y también a quienes descrean, así que pensamientos como éste no tendrían que ser secretos entre nosotros:


Toco el piano en la iglesia, pero no creo en Dios.


Otras tarjetas confiesan pensamientos sexuales en la iglesia o sobre miembros de la iglesia —como si nadie más tuviera pensamientos semejantes o no los entendiese, o como si Dios se sorprendiese especialmente al encontrar tales pensamientos en Su casa. Al pertenecer a una fe que contempla positivamente al cuerpo y sus necesidades, puedo imaginar fácilmente tener ese pensamiento, pero no la culpa que lo convirtiese en un obscuro y poderoso secreto.


Al estar en medio de tan presuntuosas reflexiones sobre mi religión y su apertura un secreto llamó poderosamente mi atención:


Quiero ser unitario universalista, pero no sé si Dios lo acepte.


Dios se lo tomó bien, según recuerdo, pero me preocupaba lo que pensarían mis padres. Cuando publiqué un artículo en una revista humanista [=secular, atea o agnóstica], no se los mostré, aunque podrían haberse sentido orgullosos.

Supongo que también tengo secretos religiosos.


Así que me retiro unos pocos pasos, y doy una segunda mirada a esas confesiones de descreencia.


Soy la esposa de un pastor bautista del sur. Nadie sabe que no creo en Dios.


Esta vez, al imaginarme a la mujer, retrato a alguien que una vez creyó en Dios, y que no perdió esa creencia en un solo instante. Cada semana recitaba un credo, y al darse cuenta de que mentía, ya llevaría haciéndolo por mucho, mucho tiempo.


¿Por qué tengo problemas para identificarme con eso? A mí también me costó trabajo confesar el cambio. No es fácil decir "Esas cosas que te dije hace 6 meses —las cosas en las que estábamos de acuerdo— todas son tonterías. Ya no creo en ellas".


¿Cuánta gente en mi iglesia, me pregunto, podría estarse guardando algo como esto:


Toda mi vida he pensado que no había Dios. Anoche me di cuenta de que mis creencias podrían estar cambiando, y no sé qué hacer con esto.


O tal vez, en una comunidad que acoge la duda, ciertamente podría ser difícil confesar:


Encontré la iluminación, pero nunca se lo diré a nadie, puesto que es tan simple que nunca me creerían.


A veces la persistencia de la fe puede ser tan desagradable y perturbadora como su pérdida. No es difícil imaginar que un unitario universalista enviase esta tarjeta:


Ya no quiero creer en Dios, pero no importa cuánto lo intente, no puedo dejar de creer.


Más humilde, decidí intentar con mayor rigor ser empático. Entonces comencé a subir de nuevo la escalera. Escalón. Lectura. Meditación. Escalón. Algunos de los secretos son tan universales que me fue fácil cumplir mi resolución.



Perdonarme a mí mismo me resulta casi imposible.


Estoy frustrado porque no puedo ver la vida con perspectiva.


Y algunos son tan humanos que es fácil abstraerse de las diferencias entre nuestras teologías.


No he creído en Dios desde que me dijiste que te divorciabas de papá.


Odio que la gente diga que la oración funciona, porque no funcionó cuando le rogaba a Dios que salvara la vida de mi bebé.


Algunos son de lo más perturbadores porque las especificidades se dejan a la imaginación.


Si hubiese un dios, lo habría impedido.


Y algunos muestran una imagen demasiado fácil.


Cada vez que mi madre llama, me pide que ore. Al mentir y decirle que SÍ, muero un poco. pero sé que si le digo la verdad será ella la que muera un poco.


En la cima de la escalera, al final de la exposición, trato de generalizar de nuevo. ¿Qué hace que estas postales, pequeños destellos de comunicaciones anónimas, sean tan poderosas?


Warren hizo un buen trabajo al hacer uso de la dósis correcta de culpa. Las confesiones en la exposición, en los libros, y en su blog no son no son los grandes y terribles secretos, que poca gente tiene. No hay asesinatos. Y la gente de iglesia que finge su fe parece genuinamente conflictuada por ello. Nada de sociópatas haciendo alarde de las estafas en las que se se habrían salido con la suya, ni regodéadose por todos los tontos que les habrían creído.


La característica más sorprendente de estos secretos es cuán perdonables son. Los escritores de las tarjetas no son villanos. Son sólo gente que se siente hipócrita al no poder abrazar roles sociales a los que tampoco puede renunciar.


Igual que todo el mundo. Al salir del museo, paso junto a un buzón hecho de envoltura plástica y cinta adhesiva, y de una mesa con postales y plumas. No tengo un secreto tras de mí, pero podría.




Es difícil imaginar una persona que no pudiera hacerlo. Debido a que los roles humanos son simples y los seres humanos son complicados. Ninguno de nosotros es siempre la persona que los otros esperan que sea. No amamos a nuestros seres queridos las 24 horas del día, 7 días a la semana. Las creencias que definen nuestras identidades: Pero no las creemos durante cada momento que pasa. Pero no queremos no ser confiables, no queremos confundir, y se siente como egoísta hacer que otros adapten sus roles sociales simples para compensar nuestra complejidad.


Así que, como la esposa del pastor que recita su credo, fingimos. Piensas algo y no lo dices, pues sabes que mañana tu pensamiento se habrá ido, pero el recuerdo de tus palabras perdurará. Tales son las pequeñas hipocresías que nos permiten vivir juntos, y no son algo de lo que haya que avergonzarse.


Pero de vez en cuando, no se van. Pasan semanas y meses, y en algún punto te das cuenta de que no estás de humor para eso, o tienes un mal día, o una fluctuación de tus neurotransmisores. Y este es El Nuevo Tú.


Y entonces tienes una opción: El Nuevo Tú permanecer en secreto, o no. Puedes seguir pensando una cosa y decir otra, o puedes decir a la gente: "Ahora soy así. Este es quien soy".


Y podría ser que lo entiendan.


Esa esperanza, pienso yo, es el mensaje último de PostSecret Project. Miras postal tras postal, secreto tras secreto, y piensas: "Podría entender eso. Podría perdonar eso". Luego empiezas a imaginar tu propio secreto colgado anónimamente allí en la pared, mientras pasan los extraños que entienden y perdonan.


Y entonces empiezas a preguntarte por La Gente Que No Se Supone Que Sepa. ¿Son acaso tan diferentes a ti, tan diferentes de los extraños que acabas de imaginar?


Quizás, comienzas a pensar, los has subestimado.





martes, 15 de abril de 2008

El resguardo de un árbol

Quest/CLF, abril de 2008
Trad (Fco. J. Lagunes Gaitán)



CLF Members and FriendsHomilía dada en el servicio de adoración anual de la Iglesia de la Fraternidad Mayor (CLF), en la Asamblea General (GA) de la Asociación Unitaria Universalista (UUA), en Portland, Oregon, en 2007, por la Revda. Jane Rzepka, Ministra Principal de la Iglesia de la Fraternidad Mayor (CLF).

"I'll shake these bones and shout and sing my life away" (versión en MP3 de la canción en inglés)* ("Sacudiré estos huesos y expresaré mi vida a gritos y cantos"). Suena mucho mejor cantada a la manera en que la escuchamos recién. Y bien, supongo que habría una forma de tocarla —sacudir estos huesos y expresar la vida a gritos y a canto vivo todo el día. Pese a esta clase de sonidos tan libres felices y atractivos, y aunque en general me gustaría mover más mis huesos-sacudirlos-gritar-en dirección libre, he de decirles la verdad. Me atraen más un par de diferentes líneas de la canción. Estas son las líneas: "Escucho canciones y melodías pero cuando están fuera de quicio/ Escucharé la paz más dulce de cuantas quedan".

La paz más dulce. Cuando encontramos una tregua en la acción, cuando las canciones y melodías de la vida se atenúan hasta silenciarse finalmente, cuán satisfactorio es conocer la paz más dulce. Eso es en gran parte lo que supone que la religión ha de hacer por nosotros, para lo que es la espiritualidad. Eso es lo que permanece con nosotros dondequiera que estemos, a dondequiera que vayamos, en el templo del corazón del que nos acaba de hablar Patrick. La paz más dulce.

¿La paz más dulce? ¡Estamos en un centro de convenciones! ¡Estamos en una Asamblea General (GA)! Nos la hemos pasado sacudiendo nuestros huesos, de una u otra forma, durante todo el dichoso día durante varios días. No tan pacíficamente. ¡Apurados! Llegar desde el salón de baile de Portland hacia la Sala C123-124 del Centro de Convenciones de Oregon —lo bueno es que ya están aquí y seguro podrán engullir apresuradamente algún alimento y llegar a la plenaria (todavía queda una) a la 1:30 y, si esta cosa no se prolonga demasiado, ¡¿Podrías llegar a lo de Powell, recoger un estandarte y llegar al puesto de la Iglesia de la Fraternidad Mayor (CLF) para ver si ya están etiquetados los souvenires?! No es realmente tan pacífico. Ni tan espiritual. La GA no es siempre el medio más propicio para lograr ponerse en contacto con ese lugar tranquilo y amoroso llamado el templo del corazón. Y aun así, aun así, ¿que decimos de la CLF? Decimos "La Iglesia de la Fraternidad Mayor —tu iglesia en casa, dondequiera que estés".

Como probablemente hayan notado ya, hay un viejo abeto Douglas que yace de manera extraña frente al centro de convenciones —en una longitud de unos 25 metros, con un abeto Douglas de US$65,000 dólares, con cedro occidental, abeto oriental, y pequeños abetos Douglas que crecen sobre él. Una ocasión para una pausa. Un árbol desplomado en medio del concreto y el acero de un centro de convenciones, no es cualquier cosa en donde yo vivo, y probablemente tampoco donde tú vives.

La imagen “http://www.artsjournal.com/aestheticgrounds/Dion%20Simpson%20Nurse%20Log.JPG” no puede mostrarse, porque contiene errores.

Desde luego, el sentido de una instalación artística reside en el ojo de quien la contempla, y el abeto Douglas de Buster Simpson no es la excepción. Pero sabemos que de lo que trata no es de conducirnos hacia la valla luminosa, ni hacia la zona de alimentos, ni al salón de plenarias, sino hacia un lugar del espíritu. Durante la lectura antífona de hoy, al citar unas palabras del poeta, pensador, conservacionista y granjero Wendell Berry, de su libro A Timbered Choir: The Sabbath Poems (Un coro de maderas: Los poemas del sabbat), dijimos, "Voy entre los árboles y me siento tranquilo"..."Mis tareas yacen en sus lugares/ donde las dejé, dormidas como ganado". "Todos mis principios se silencian/ alrededor mío cómo círculos en el agua". Al pararse frente a este monumento público en una ciudad grande, no estamos entre árboles para nada, pero se nos ha ofrecido una invitación a estar entre ellos en cualquier caso, que nos recuerda que donde sea que estemos, podemos acceder a la religión, a la paz, al templo del corazón que hemos traído con nosotros mismos. Podemos regresar hasta el hogar de nuestra alma, sin importar ni el concreto, ni las luces del tráfico.

Desde luego, aquí en Portland vincularse con los árboles resulta más fácil. Los responsables de turismo local están prontos a destacar el Parque Forest, "un terreno boscoso denso e intacto, el mayor parque boscoso urbano en los Estados Unidos de América". Desde luego, ha sido tocado —durante miles de años por los pueblos nativos aquí en el Valle Willamette quemaban el suelo del valle al final de cada verano, para eliminar lo que les parecía la amenaza del bosque y así poder sembrar sus alimentos.

Pero para la época en que el ministro unitario Thomas Lamb Eliot llegó, en 1867, el terreno era boscoso y la Ciudad de Portland vivía un crecimiento explosivo. A Eliot no le satisfacía el paisaje urbano de Portland —era insensible, pensaba, comercial, no era un centro moral. La respuesta, según creía, era incorporar la belleza agreste y la grandeza del bosque cercano en la ciudad misma. Pensó que la salud, la moralidad, y la inteligencia de la gente de Portland dependían de la existencia del bosque. Su propuesta no parecía sustentar un caso persuasivo, pero al final, la obstinación de nuestro Revdo. Eliot se tradujo en lo que ahora es el Forest Park. Es como lo que escuhcamos en el himno que cantamos hoy: "Lentamente, despacio regresan/ Al pequeño bosque residual:/ Árboles grandiosos, extendidos y brillantes,/ Apóstoles de la luz viviente". [Wendell Berry, Arboles Grandiosos]

La naturaleza no es una piedra de toque espiritual importante en todas las prácticas religiosas, Pero lo fue para el Revdo. Thomas Lamb Eliot aquí en Portland, y lo es para la mayoría de los unitarios universalistas, dondequiera que nos encontremos. Lo que nos trae de vuelta a la cuestión de la Iglesia de la Fraternidad Mayor (CLF) en cuanto a cómo llevar nuestra religión con nosotros cuando el templo es un recuerdo lejano y el abeto Douglas resulta demasiado grande como para llevarlo con nosotros, ni siquiera en una caja a la medida. Una vez que desembarcamos aquí, en Portland, o que aterrizamos, o que entumecidos nos bajamos del asiento del conductor de un automóvil, ¿de qué manera regresamos a nuestros mejores y más sustentados YO? Podemos tener un hogar espiritual geográfico, pero por el momento, no estamos allí. Estamos en Portland.

Recordé que el Revdo. Patrick O’Neill nos contó aquí una vez una historia del libro del antropólogo Loren Eiseley, The Night Country (El país de la noche), así que lo busqué. Al parecer érase que se era un niñito —Loren Eiseley mismo— con una palita y una cubeta de juguete en la mano, amorosamente plantó un chopo de Virginia sembrándolo con su papá. Era una escena clásica: un pueblito en Nebraska, una casa con valla blanca, y ahí en el patio, un padre y un hijo, que excavaban un hoyo juntos, un hoyo pera un árbol que les ofreciera resguardo en un futuro lejano. Lo que sucedió fue que su permanencia en esa casa fue breve, pero el recuerdo de este árbol no abandonó a Eiseley, sino que volvió a él una y otra vez, se convirtió en uno de esos recuerdos profundos y vivificantes que, en el transcurso de su vida, le proporcionaron una reserva de fortaleza espiritual y paz cuantas veces la necesitó.

Cuando Eiseley se aproximaba al final de su vida, sintió la necesidad de visitar de nuevo el árbol. Así que viajó más de 3 mil 200 kilómetros hasta el lugar en el que todavía estaba su antigua casa familiar con la valla blanca. Y ahí, ahí, en el punto exacto en el que habían plantado el chopo de Virginia hacía tantos años, estaba…nada en absoluto. Nada. Resultó finalmente que el árbol nunca echó raíces. Durante 60 años, Eiseley resguardó la ubicación de un árbol inexistente. Por 60 años, Eiseley supo cómo regresar al hogar de su alma solamente a través de la espiritualidad que llevaba consigo mismo.

Esa es también nuestra tarea. Llamémosla un templo del corazón. Llamémosla el resguardo de un árbol imaginario. Pero sepamos esto: cuando el templo sea destruido y nos encontremos errabundos, cuando el árbol del que habría de depender tu vida nunca echó raíces, cuando has estado viviendo prendido a una maleta por varios días seguidos, la abundancia de nuestra religión siempre está a la mano. ¡La abundancia de nuestra religión! La paz más dulce. Siempre con nosotros. Tu iglesia en casa, dondequiera que estés.

















* SHAKE THESE BONES
Sacude estos huesos
Por Malcolm Dalglish

I’ll show you how I’m feeling, Lord, any day
I’ll shake these bones and shout and sing my life away,
I’ll shake these bones and shout and sing my life away,
It won’t be long before these bones turn to clay.

Te mostraré cómo me siento, Señor, cualquier día
Sacudiré estos huesos y expresaré mi vida a gritos y cantos,
Sacudiré estos huesos y expresaré mi vida a gritos y cantos,
No tardará mucho antes que estos huesos se conviertan en barro.

I’ll tell you what I’m thinking, Lord, anytime,
I’ll tell you lies, I’ll tell you dreams, you won’t mind,
I’ll tell you lies, I’ll tell you dreams,
I know that you won’t mind,
There’s something there that’s out of reach, I will find.

Te diré lo que pienso, Señor, en cualquier momento,
Te diré mentiras, te contaré sueños, no te importará,
Te diré mentiras, te contaré sueños,
Sé que no te importará
Hay algo allá fuera de alcance, lo encontraré

I’ll tell you what I’m seeing, Lord, everywhere,
It may be only a small part of what is there,
It may be only a small part of what is really there,
But I’ll stumble like the blind man, Lord, without fear.

Te diré lo que veo, Señor, en todas partes,
Quizá sea sólo una pequeña parte de lo que hay allá,
Quizá sea sólo una pequeña parte de lo que realmente hay allá,
Pero tropezaré como un ciego, Señor, sin temor.

I’ll tell you what I’m hearing, Lord, all the time,
I’m hearing songs and melodies in my mind,
I’m hearing songs and melodies but when they’re out of mind,
I’ll hear the sweetest peace of all left behind.

Te diré lo que escucho, Señor, todo el tiempo,
Escucho canciones y melodías en mi mente,
Escucho canciones y melodías pero cuando están fuera de quicio,
Escucharé la paz más dulce de cuantas quedan

I’ll show you how I’m living, Lord, every day,
I may not fall down on my knees and start to pray,
I may not fall down on my knees and worship you or pray,
But there’s the reverence in my laughter, Lord, anyway.

Te mostraré cómo vivo, Señor, cada día,
Puede que no caiga de rodillas y empiece a orar,
Puede que no caiga de rodillas para adorarte u orar,
Pero hay reverencia en mi risa, Señor, de todas formas.


Versión MP3 en inglés del sermón

lunes, 7 de abril de 2008

Un templo del corazón

Quest/CLF, abril de 2008

Trad (Fco. J. Lagunes Gaitán)

Patrick T. O'NeillHomilía dada en el servicio de adoración anual de la Iglesia de la Fraternidad Mayor (CLF), en la Asamblea General (GA) de la Asociación Unitaria Universalista (UUA), en Portland, Oregon, en 2007, por el Revdo. Dr. Patrick T. O'Neal, Ministro Principal de la Primera Sociedad Congregacional Unitaria en Brooklyn, Nueva York

Para muchos unitarios universalistas que asisten a la Asamblea General (GA) de nuestra denominación religiosa, ésta se trata de uno de los momentos notables del año. Con periodicidad anual, se reúnen en la GA delegados de todos los EUA y participantes de todo el mundo para participar en talleres, servicios de adoración y en sesiones plenarias para todo el grupo de miles de personas, allí se ofrecen informes sobre la situación de varios aspectos de nuestra asociación. Estas sesiones plenarias también incluyen la oportunidad de que los delegados discutan y debatan sobre los Asuntos para Estudio/Acción (de justicia social), con las que las congregaciones UU se involucran en el aprendizaje y participan activamente en diversas cuestiones sociales, y las Acciones de Testimonio Inmediato, en las que el cuerpo de delegados toma una posición sobre asuntos sociales relevantes propuestos por los delegados asistentes a esa GA. La GA de 2007 incluyó también un proceso experimental llamado Open Space Technology, diseñado para ofrecer a todos los participantes de la GA una manera de compartir sus preocupaciones sobre nuestra vida como parte de la comunidad unitaria.

Este mes, con la esperanza de inspirarte a asistir a la GA de junio en Fort Lauderdale, Florida, nos gustaría compartir contigo algunos sermones dados en el servicio de adoración de la CLF en la GA, así como algunas reflexiones de los delegados de la CLF y de la Iglesia de la Fraternidad Juvenil (CYF) sobre sus experiencias en la anterior GA. Puedes encontrar mayor información sobre la GA 2008 en el sitio: UUA.org. Si piensas asistir y ya integras la CLF ponte en contacto con Lorraine sobre la posibilidad de ser uno de los delegados de la CLF.


Realmente es una idea muy hermosa cuando piensas en ella, la CLF. Una iglesia sin muros. Una congregación que no está delimitada por la geografía. Imagínate nomás, ¡una iglesia sin Edificio y sin Comité de Mantenimiento y Mejora de las Instalaciones! ¿Por qué? ¡Es el sueño de todo ministro! Desde luego, ¡la mala noticia es que tampoco tenemos ingresos por renta de nuestras instalaciones para ayudarnos a equilibrar nuestro presupuesto!

Por otra parte, tampoco tenemos ningún techo lleno de goteras que debamos reemplazar.

Es una idea genial. Esta noción de que una congregación puede verdaderamente serlo: un grupo de "gente convocada", con un vínculo y una relación mutua, incluso desde lejos, por medio de un compromiso compartido para mantener el amor común por lo Bueno, lo Verdadero, y lo Bello, como se expresa en nuestra herencia unitaria universalista. Esta noción radical de que dondequiera que vivamos, a donde sea que vayamos, llevamos esta congregación con nosotros en nuestros corazones, por medio de cómo elegimos vivir en el mundo, por medio de los valores que elegimos representar y asumir como guías.

Teológica e históricamente, sabemos que la idea tiene precedentes importantes —que se remontan a hace algunos milenios, en realidad. En la historia judía, las leyendas del Talmud cuentan el relato de cómo se estableció el sitio del gran Templo de Jerusalén.

"En un tiempo anterior al tiempo", cuenta el relato, "cuando el mundo era joven, dos hermanos compartían un campo y un molino, cada noche se dividían en partes iguales el grano que habían recogido juntos. Uno de los hermanos vivía solo, el otro tenía una familia grande. Un día el hermano solo pensó para sí mismo, 'Realmente no es justo que dividamos el grano en partes iguales. Yo no debo ver sino por mí, pero mi hermano tiene hijos que alimentar'. Así que cada noche llevaba en secreto algo de su grano al granero de su hermano.

Pero el hermano casado se dijo un día, 'Realmente no es justo que dividamos el grano en partes iguales —puesto que yo tengo hijos que verán por mí en mi vejez, y mi hermano no tiene ninguno'. Así que comenzó cada noche a llevar algo de su grano al granero de su hermano.

Entonces, una noche, ambos se encontraron a medio camino entre sus casas. Repentinamente se dieron cuenta de lo que había estado sucediendo y se abrazaron amorosamente. La leyenda dice que Dios fue testigo de su reunión y dijo, 'Este es un lugar santo, y aquí es donde mi Templo ha de construirse'. Y así fue que se construyó el primer Templo de Jerusalén. Pues Dios sabe dónde se encuentran los seres humanos y se descubren amorosamente".

La implicación de la leyenda es clara, no importa la teología: el amor es el único fundamento seguro sobre el que cualquier templo merecedor de ese nombre debe construirse. Ningún otro fundamento es suficientemente fuerte para sostener una casa de fe.

El gran Templo de Salomón en Jerusalén fue literalmente el centro de la fe y la cultura para el floreciente pueblo judío. Contenía en su Sancta Sanctorum ('lugar santísimo') el Arca de la Alianza, el símbolo central de la alianza de YHVH. Ese templo físico fue el centro indispensable de Jerusalén.

Nosotros los modernos que vivimos a más de 2 milenios de distancia de esa época, apenas podemos imaginar lo que pudo haber significado para el pueblo judío la destrucción del gran Templo de Salomón por las tropas caldeas (586 AEC), y muchos judíos fueron conducidos cautivos a un largo exilio en Babilonia.

Hasta el momento de esa devastadora experiencia, la predicación de la religión judía dependía físicamente del gran templo que era literalmente su más egregio altar. Con la destrucción de su templo, el judaísmo mismo habría perecido como religión, con la excepción de una grandiosa noción religiosa que los judíos nunca olvidaron luego de esa experiencia. Aprendieron cómo llevar su gran templo con ellos en sus corazones.

Merced a este aprendizaje, la fe judía sobrevivió a la cautividad en Babilonia. Sobrevivió para reconstruir físicamente el Templo en Jerusalén. Y con la destrucción del Templo siglos después por las tropas romanas, la fe judía sobrevivió de nuevo en los corazones de su pueblo (70 EC). Y ha sobrevivido a la Gran Diáspora otros 2 mil años más allá. Sobrevivió a siglos de persecución, incluso de genocidio, y ante cada forma de destrucción que el pueblo encontró en su camino, porque, verás, el Templo llevado en el corazón —la fe construida sobre el seguro fundamento del amor— no está sujeta a la cautividad y a la destrucción, ni por todos los ejércitos de la tierra.

Se me ocurre que los miembros de la Iglesia de la Fraternidad Mayor (CLF), han compartido este mismo entendimiento del Templo del Corazón desde su fundación, y este es su secreto. Si los unitarios universalistas en general son los "constructores libres" en el campo de la religión organizada, entonces la congregación de la Iglesia de la Fraternidad Mayor (CLF), seguramente será "la más libre". ¡Ustedes ni siquiera tiene una sede física! Ustedes se encuentran desde Pennsauken, Nueva Jersey, hasta Pago Pago en la Samoa Americana. Ya eran una congregación 'virtual' antes de que se inventara la palabra. Y lo han sido bellamente por muchos años. A través de sus publicaciones, sus contactos en línea, sus ministros y educadores religiosos, su apoyo anual, su generosidad, y su visión y su alcance, han llevado individual y comunitariamente esta lucecita del unitarismo hacia los lugares más lejanos y aislados de nuestro país, nuestra cultura y del mundo entero.

Esto no significa que su inusual forma de congregarse una vez al año en la festividad trashumante de la GA no tenga su dificultad. Aquellos de nosotros lo suficientemente afortunados para vivir cerca y asistir regularmente a una congregación UU local pueden recordar fácilmente a los recién llegados, como lo hago yo cada semana, que "si han asistido por un cierto tiempo y se sienten espiritualmente como en su casa en este lugar, están invitados a hacer oficial aquí su membresía". Bueno, permítanme extender la misma invitación de bienvenida a todos ustedes y a sus familiares y amigos dispersos a los cuatro vientos, quienes puede que no tengan la oportunidad de escuchar esta invitación frecuentemente.

Si has estado en la lista de envíos de correo electrónico de la CLF por cierto tiempo, si visitas regularmente el sitio web de la CLF, si esperas con interés cada mes la publicación del siguiente número de la revista Quest con sus sermones invitados, sus ensayos sobre filosofía UU, las joyitas que encontramos en las breves columnas de la ministra Jane Rzepka, o en las lecciones de educación religiosa de la ministra Lynn Ungar —si te encuentras espiritual e intelectualmente "en casa" aquí en estas ideas unitarias universalistas, en casa aquí con esta fe expansiva, en casa aquí con estos camaradas y compañeros de peregrinaje— si sientes que tu corazón está "en casa" aquí en estos Principios y Propósitos —si nunca imaginaste que encontrarías una congregación acorde al Templo que siempre has llevado en tu corazón— bueno, ¡bienvenid@ seas! Recuerda lo que el poeta Robert Frost (1864-1963) dijo sobre el hogar —que es el lugar en el que, cuando debes ir ahí, han de acogerte. ¡Benvenid@ al hogar de la Iglesia de la Fraternidad Mayor (CLF)!

¡Qué idea tan genial! ¡Muy bien por la CLF! ¡Sigue resplandeciendo, haces que nos enorgullezcamos de ser UU de corazón!

Versión MP3 en inglés



martes, 29 de enero de 2008

Cual si Dios estuviese ahí

Quest/CLF, Febrero de 2008
Trad (Fco. J. Lagunes Gaitán)

FudgeTenía 7 años de edad cuando tuve mi primer encuentro con la teología. Mi madre preparó una hornada de dulce de chocolate, la colocó en el refrigerador, y decretó que nadie podría probarla entes de la cena. Eso no me dio nada de gusto. Inventé los más diversos planes pude concebir para robar un poco, pero siempre alguien parecía acechar por la cocina.

Comoa las 4 en punto hubo la que me pareció una increíble pausa. Mi madre y mi hermana tuvieron que ir a la tienda, así que me dejaron solo por un rato. Mi madre debió haber leído mi mente, pues me dirigió una advertencia muy clara al salir. “No porque no esté yo aquí”, dijo, “no quiere decir que estés solo aquí con el postre, Dios te mira”.

La palabra “teología” significa estudio de Dios. Cuando ellas salieron yo me dedique a un estudio intensivo. No me tomó mucho tiempo llegar a la conclusión de que en realidad era yo un ateo de 7 años. Chico, vaya que estaba sabroso el postre. Desdichadamente para mí, mi madre había contado los pedazos, y el recuento a su regreso mostró un déficit de 3. Cuando me preguntó cómo había podido yo tomar descaradamente el postre frente a Dios, le dije, “No creo en Dios”. Mi siempre práctica madre me respondió: “Iría en el mejor de tus intereses actuar como si Dios estuviese allí”.

por el Revdo. Terry Sweetser, vicepresidente de servicio y desarrollo de la Asociación Unitaria Universalista (UUA), tomado de su libro As if God Were There (Cual si Dios estuviese ahí), publicado por Rising Press en 1986 y disponible a través de la biblioteca de la Iglesia de la Fraternidad Mayor, CLF library o por teléfono al 617-948-6150.

Versión MP3 en inglés